La fe en el amor de Dios
LA FE EN EL AMOR DE DIOS
por
UNA HERMANA DE lA PROVIDEHCIA
(Casa Madre - .\Montreal, Canadá)
VERTIDO AL CASTELLANO
por
MARIA DE ECI l:\RRI
la vacuidad de la ciencia por la ciencia. Sabía que 1<mei or es 1 •l rústico humilde, que a Dios sirve. que el soberbio filósofo que, dejando de conocerse. considera el curso de los cielos ( Kempis. l. 1 , e. 2 1.
« La ciencia, aun la de las cosas divinas. no es fructuosa sino por su unión con el amor de Djos. )) Tal es la enseñanza que el Padre Eterno daba a Santa Catalina de Sena ( Düíl.. T. c. 061.
;,Qué provecho reporta al hombre de todas las fatigas que se toma. de todas las preocupaciones que se busca para arranca r a la naturaleza sus secretos más sutiles, si con ello no aprende a reconocer a Dios en sus obras y a servirle mejor? ¡ Pobres sabios los que en nuestros días han llegado a explicárselo todo; aun las cosas de orden sobrenatural-por medio de la ciencia, de la que han hecho su dios !
San Félix de Cantalicio se regodeaba en decir : ((No conozco sino seis letras : cinco rojas y una blanca. Las cinco rojas son las llagas de nuestro Señor y la blanca. es la Ma d re de Dios. Y así, cuando se . le preguntaba si sabía leer : <<No-contestaba...---., no sé sino seis letras.))
Desgraciada, pues---diremos con Bossuet-, desagraciada la ciencia que no se convierte en amor ! ' . . . )) Por tanto, el fin de todo estudio, de toda lectura, ha de ser enseñarnos a amar a Dios, a amarle más cada día. Lejos de nosotros los libros que sólo tiendan a dar pábulo a la curiosidad del espíritu, sin alimentar el corazón.
Y he aquí que yo os presento, almas pequeñitas, un libro cuya finalidad exclusiva es la de haceros penetrar más adelante en la ciencia del amor . No busquéis!" en él otra cosa. Si después de haberlo recorrido lenta y seriamente, con este fin, podéis decir plenamente convencidos : « Dios mío, creo y creeré siempre que me amáis)), habréis dado el gran paso en la ;escalera de la ascensión espiritual . La jornada más laboriosa del camino está hecha : sólo os queda tender vigorosamente el vuelo hacia las cimas radiantes que se irán dibujando ante vuestras miradas atónitas . . . ¡ Creer en el amor es ya amar !
En efecto, nuestro a mor a Dios depende en gran parte del conocimiento que tenemos de su amor hacia nosotros. Es pues, necesario poseer, al menos en cierto gado , que pueda crecer sin cesar, la fe en el amor de Dios, para ponerse en marcha hacia las cumbres de las Montaña del Amor . . . Es ésta una provisión indispensable para el camino .
Proyectáis construir el edificio de vuestra santificación sobre un plan determinado, el cual no es para vosotras, almas pequeñitas, sino el del santo abandono, la confianza y el amor. Ahora bien : si queréis l legar hasta el fin, sin desfallecimientos ni retrocesos. en esta gran labor, ved primeramente en qué estado os halláis con relación a la fe en el amor de Dios. Si vuestros sentimientos de confianza y de abandono no están apoyados sobre la roca sólida de la Je en el amor de Dios, no resistirán mucho tiempo. Ante . los rigores aparentes e incomprensibles de la mano divina, frente a circunstancias que no alcanza a explicar el sentido común.
San Pablo, (fue no abrigaba prejuicios, comprendía tan perfectamente el valor de esta ciencia, que la imploraba de Dios insistentemente en la oración en favor de los primeros cristianos, los cuales deseaban 11conocieran la longitud. la anchura, la altura y profundidad deI amor de Cristo. Y para descubrirle su altísimo valor la llamaba ciencia ·sobre eminente, añadiendo que si llegasen a poseerla, les llenaría toda la plenitud de Dios ( Efc8)
»Si creéis firmemente en el amor que Dios os tiene. el dolor y la muerte os parecerán delicadezas del Corazón divino, que quiere acerca ros a Sí. Con esta convicción profunda, ya no diréis : «Dichosos los ricos . . . , dichosos. los que se encumbran, los que triunfan.)) Diréis sencillamente : «Dichosos los que se unen a Dios, aunque sea por la expiación dolorosa o por las lágrimas del abandono. Desde el día en que tengáis esta convicción. conoceréis la malicia del pecado. el valor inestimable de las contrariedades y la futilidad de las cosas del mundo.
"El verdadero camino para santificar un alma, aunque estuviera llena de crímenes horribles y de inclinaciones más horribles, aún, helo aquí : en aquella inteligencia verted, abrasadora, esta verdad única de que Dios la ama ; cuando esta verdad haya penetrado y transformado aquel espíritu, y de él desbordándose a su corazón ; cuando, en fin haya pasado hirviente a las ohras exteriores, aquella alma inflamada, divinizada, será el alma de un santo. >>
Amas pequeñitas, ; ¿por qué no hacéis de la fe en el amor de Dios la idea fija de vuestra vida? ;. Por qué no consagráis a esta ciencia sobreeminente todos vuestros cuidados, todo vuestro estudio, todas vuestrus preferencias'? Dígnese el Espíritu Santo inspiraros el deseo v hacer eficaz vuestra buena voluntad hasta lograrlo !
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